Política de privacidad de Miral

Vigente desde el 4 de septiembre de 2026.

Miral es un portero virtual. En la puerta del edificio hay un código QR; quien viene de visita lo escanea con su teléfono, elige un departamento y le suena el timbre al vecino en su propio celular. Miral no abre la puerta: sólo hace que se puedan ver y hablar.

Esta página cuenta, sin vueltas, qué queda guardado, para qué, cuánto tiempo y quién puede verlo. Está escrita para que la entienda cualquiera, no para que la entienda un abogado.

Quién responde por estos datos

De la aplicación y del servicio: Christian Fernando Teylor, monotributista en la República Argentina, que opera Miral. Contacto: hola@miral.com.ar.

De lo que se graba en la puerta de cada edificio: el consorcio de ese edificio, que es quien decide poner el portero y por cuánto tiempo se guardan las imágenes. Miral guarda y borra esos archivos por encargo suyo. Los datos de contacto del consorcio están en el cartel de la entrada.

Si no sabés a cuál de los dos escribir, escribile a Miral a hola@miral.com.ar y lo derivamos. Ningún reclamo se pierde por haber tocado la puerta equivocada.

Qué se recoge

De quien viene de visita:

  • La foto que toma su propio teléfono al tocar el timbre. Ésa va siempre: es la función del producto.
  • El audio de la conversación, si alguien atiende, y un fragmento breve de video de los primeros segundos, si su teléfono tiene cámara. Si nadie atiende, no existe ninguno de los dos.
  • El nombre, si lo escribe. Es opcional: se puede tocar el timbre sin poner nada.
  • El mensaje escrito, si nadie atendió y decide dejar uno.
  • La fecha, la hora y el departamento al que llamó.
  • Qué tan lejos de la puerta estaba, si dio permiso de ubicación. Es un solo número —la distancia—: la coordenada del visitante no se guarda en ningún lado, la cuenta la hace su propio navegador. Y no bloquea a nadie: quien no da el permiso toca el timbre igual.

De quien vive en el edificio:

  • Su nombre y su número de teléfono.
  • El departamento en el que vive y un identificador de su teléfono, que es lo que hace que el timbre suene en ese aparato y no en otro.
  • El registro de las llamadas a su timbre: quién tocó, cuándo, y si atendió.

Nada más. Miral no lee la agenda de contactos, no mira las otras aplicaciones, no sigue la ubicación en segundo plano y no arma perfiles de nadie.

Para qué se usan

Para una sola cosa: que el vecino vea quién está en la puerta y decida si lo atiende. Nada de esto se usa para publicidad, no se cruza con otras bases y no se vende ni se cede a terceros, salvo requerimiento judicial.

Cuándo te ven y cuándo te escuchan

Apenas tocás un departamento, tu imagen llega a los teléfonos de quienes viven ahí, antes de que ninguno decida si te atiende. Sirve para lo mismo que una mirilla: saber quién está en la puerta antes de abrir.

Tu voz no. Lo que decís empieza a escucharse recién cuando alguien atiende. Desde ese momento la conversación además se graba, de los dos lados. Hasta ahí pueden verte, pero no oírte.

Puede haber más de un teléfono asociado al mismo departamento. No se te dice cuántos son ni de quién, igual que no sabés cuánta gente hay del otro lado de una puerta.

Cámara y micrófono

La aplicación pide cámara y micrófono, y los usa únicamente mientras hay una llamada de timbre en curso: para que el vecino vea y escuche a quien está en la puerta, y para que la puerta lo escuche a él. Fuera de una llamada no se enciende ninguno de los dos, y el teléfono muestra el indicador del sistema cada vez que están activos.

Cuánto se guarda, y qué pasa después

Las fotos y los videos de las visitas se guardan 30 días. Pasado ese plazo se borran de verdad: un proceso automático los elimina del almacenamiento, no los marca como borrados ni los manda a una papelera.

Lo que queda después es el registro de que hubo una visita —la fecha, la hora y el departamento— sin ninguna imagen ni sonido. Eso es lo que permite que un vecino pueda decir «el martes tocaron a las tres» aunque ya no pueda ver quién era.

Ese registro tampoco es para siempre: se conserva 12 meses desde la visita y después la anotación se borra entera, con el mismo proceso automático y del mismo modo definitivo. Un año es lo que le sirve al edificio para mirar hacia atrás; más que eso ya no es memoria del consorcio, es un dato guardado porque sí.

Los datos del residente —nombre, teléfono, departamento— se guardan mientras viva ahí y use el servicio. Cuando se da de baja, se eliminan.

Quién puede verlo

El residente del departamento al que se llamó. Las imágenes y el sonido de una visita llegan a los teléfonos de esa unidad y a ninguno más: no los ven los vecinos de otras unidades, ni otro edificio.

El administrador del edificio gestiona el consorcio —las unidades, los vecinos, los códigos de alta— y hoy no tiene acceso a las imágenes ni al sonido de las visitas. Sí es a quien le corresponde recibir un pedido de acceso o de borrado, y puede pedirle a Miral que se ejecute.

Del lado de Miral, el equipo entra a los datos sólo para sostener el servicio o cuando lo pide el consorcio, y esos accesos quedan registrados.

Dónde viven los datos

La base de datos está en Supabase, en San Pablo, Brasil. Las fotos y los videos están en Cloudflare R2, en jurisdicción de la Unión Europea.

Lo segundo es una elección, no una casualidad: la Unión Europea está entre los territorios que la Agencia de Acceso a la Información Pública considera de protección adecuada, así que las grabaciones no salen de ese circuito. El sistema está hecho para no arrancar si alguien lo configura contra un almacenamiento de otra jurisdicción.

Cookies

Si venís de visita y escaneaste el QR, no recibís ninguna cookie. Ni de nosotros ni de terceros. La pantalla de la puerta no tiene publicidad, ni analítica, ni botones de redes, ni tipografías traídas de afuera.

La única cookie del sitio es la cookie de sesión del panel de administración: la que hace que un administrador que ya entró siga estando adentro al cambiar de página. Es técnica y necesaria; sin ella no se puede iniciar sesión. No sirve para seguir a nadie por otros sitios.

Tus derechos, y cómo se ejercen

Podés pedir acceso a los datos que haya sobre vos, rectificación si algo está mal, actualización y supresión. Es gratuito y no tenés que explicar para qué lo querés.

Lo único que sí hace falta es que podamos comprobar que sos vos. No es un trámite de más: entregarle a cualquiera la foto de una visita, o borrar la de otro, sería el mismo problema que estas reglas buscan evitar. Cuando entra un pedido, queda anotado con su fecha y con lo que efectivamente se borró.

Se pide escribiendo a hola@miral.com.ar, o al administrador del consorcio, cuyos datos están en el cartel de la entrada. Contá qué querés y cómo ubicarte —por ejemplo el día y la hora en que tocaste, o tu número de teléfono si sos residente—, que es lo que nos permite encontrar el dato sin pedirte más de lo necesario.

La ley da 10 días corridos para contestar un pedido de acceso y 5 días hábiles para uno de rectificación o supresión.

Si lo que querés es dar de baja tu cuenta de la aplicación, los pasos y el detalle de qué se borra y qué queda están en Eliminar tu cuenta de Miral.

Si no te contestan

Podés reclamar ante la Agencia de Acceso a la Información Pública (AAIP), que es el organismo de control de la Ley 25.326 de Protección de los Datos Personales de la República Argentina, la ley que rige este servicio.

Menores

Miral no está dirigido a menores de edad ni les pide datos. Un chico puede tocar un timbre, igual que en cualquier portero, y en ese caso su imagen se trata con las mismas reglas y el mismo plazo que la de cualquier otra visita: sus padres o tutores pueden pedir que se borre por los medios de arriba.

Si esta política cambia

Cambia acá mismo, con la fecha de arriba actualizada. Si el cambio afecta qué se guarda o por cuánto tiempo, se avisa además a los administradores de los edificios antes de que empiece a regir.

Aceptar el cartel de la puerta no te quita ninguno de estos derechos.